La cordialidad de Trump con Kim recibe críticas en Estados Unidos

“Vamos a tener una relación fantástica”. “Es un hombre muy talentoso” que “quiere mucho a su pueblo”. Estas son algunas de las palabras que Donald Trump ha dirigido Kim Jong-un, líder de uno de las dictaduras más férreas y opacas que existen, con entre 80.000 y 120.000 personas detenidas en los campos de trabajo para presos políticos, según datos de Amnistía Internacional. Si el presidente de Estados Unidos recibió apoyo político en este proceso de negociación para lograr la desnuclearización de Corea del Norte, la afabilidad mostrada en la cumbre en Singapur ha desatado críticas en Estados Unidos, donde lo ambiguo del compromiso del régimen ha decepcionado.

“Sáquennos guapos y delgados”, dijo. Para Ben Rhodes, exasesor del presidente demócrata Barack Obama, resultó chocante. “Despreciar al primer ministro canadiense y celebrar su ‘fantástica’ relación con el dictador norcoreano es pivotar bastante sobre el papel de Estados Unidos en el mundo”. Para el líder de la oposición demócrata en el Senado, Chuck Schumer, resulta “muy preocupante” lo impreciso del acuerdo de desnuclearización.

Las críticas han llegado también de republicanos. El conservador Paul Ryan, el portavoz de la Cámara de Representantes, tachó al régimen de “brutal” y abogó por mantener “la máxima presión económica” a base de sanciones mientras las negociaciones avanzan. El senador republicano Lindsey Graham, de Carolina del Sur, también se desmarcó del presidente al recalcar en la cadena CBS que Kim “mata a su propia gente en masa”. “Mató a Otto Warmbier [un estudiante estadounidense que fue preso más de un año en Pyongyang]. Es muy mal tipo”, enfatizó. “Estoy dispuesto a negociar con él con la condición de que acabe esta locura”, señaló. Apuntó que la reunión había resultado “un buen principio”, pero que el acuerdo estaba aún “lejos”.

El exjefe de la CIA Michael Hayden apuntó que, a su juicio, Pyongyang “no ha venido con nada nuevo” a la cumbre con Trump y que, por el contrario, Estados Unidos se había comprometido a parar sus ejercicios militares anuales con los aliados surcoreanos, lo que constituye “una concesión significativa”.