La mujer que fue mutilada por disfrutar su libertad sexual

El cine gore se caracteriza por la agresividad con la que mueren sus participantes. Las películas muestran fuentes de sangre cuando alguna parte del cuerpo es mutilada. Los humanos pasan a ser simples pedazos de carne que piden a gritos ser rebanados con el fin de impresionar y entretener al espectador. Entre mayor sea la violencia con que mueren, la cinta agarrará más fuerza y atractivo, porque al final, de eso se trata el espectáculo. ¿Cuál es la película más salvaje que has visto? Cualquiera que sea la respuesta, la siguiente historia sobrepasa cualquier filme en brutalidad y horror por el simple hecho de ser verdad.

El relato inicia en Massachusetts el 29 de julio de 1924, momento de la historia en el que nace Elizabeth Ann Short. Ella es la tercera de cinco hijas del matrimonio de Cleo Shor y Phoebe Mae Sawyer. La protagonista de esta historia creció de manera normal en un escenario campirano que fue abatido por la Gran Depresión; a causa de esto, su padre pierde toda su fortuna y desaparece de la ciudad o comete un suicidio desesperado.

La ausencia de la figura paterna obligó a Elizabeth a crecer inconforme con su mundo. Sus quejas fueron en aumento durante la adolescencia, época en la que comenzó a conocer los vicios del alcohol y la vida nocturna. Gracias a su increíble y encantadora belleza, la señorita Short comenzó a rodearse de hombre de todo tipo de carácter y oficio. A ella le daba lo mismo meterse con un sargento que con un panadero, lo importante era divertirse.

Elizabeth fue acusada de delitos menores generalmente causados por beber alcohol siendo aún menor de edad. Para darle un poco de orden a su vida, la jovencita intentó entrar a las filas de Hollywood y explotar su belleza hipnotizante. Sus rasgos eran muy agraciados, tenía la piel blanca y delicada, sus ojos era de un hermoso tono claro y todo contrastaba provocativamente con el color negro profundo de su cabello. Ella era una belleza norteamericana de antaño.

“Para no ver su cara de sufrimiento, el verdugo cortó con un cuchillo la carne de sus mejillas, creándole una tenebrosa sonrisa. Le arrancó pedazos del muslo y se los introdujo en el ano y la vagina”.

Durante un tiempo estuvo casada con Matthew Gordon, pero la muerte del Mayor los separó. Ante esta desgracia –o bendición–, Elizabeth Short regresó a su vida de alcohol y lujuria. Se mudó a Los Ángeles y comenzó a vivir en los clubes nocturnos, por esta cualidad muchos aseguran que ella se ganaba la vida como prostituta. Cualquiera que fuera la verdad, ella estaba destinada a ser la víctima de uno de los asesinatos más crueles y sangrientos de toda la historia.

Elizabeth fue vista por última vez la madrugada del 9 de enero en el Hotel Baltimore, donde estaba hospedada. Al salir dijo que “iba a conocer a un caballero”. Esa noche partió, pero nunca regresó. La sucesión de hechos que se dieron a partir de se día fueron armándose poco a poco, porque en realidad se pudo hacer el recuento de los daños hasta que se encontró su cuerpo mutilado días después.

Cuando encontraron de nuevo a Elizabeth Short, su cuerpo estaba cortado en dos por la cintura, fue quemado con cigarrillos y presentaba pequeños rasguños y cortes. En ese momento se supo que al salir del hotel, Elizabeth fue capturada y llevada a un lugar apartado, donde comenzó su tortura. Primero la amordazó y desnudó completamente. Después la amarró de las muñecas y los tobillos con una cuerda para después ser colgada de cabeza, quedándose suspendida del techo.

Su asesino la golpeó como a un saco de box por todo el cuerpo. Para no ver su cara de sufrimiento, el verdugo cortó con un cuchillo la carne de sus mejillas, creándole una tenebrosa sonrisa. Le arrancó pedazos del muslo y se los introdujo en el ano y la vagina. También rasguñó con el filo de su arma el área del pubis y quemó con colillas de cigarrillo uno de sus pechos. Finalmente, la partió en dos desde la cintura.

El miércoles 15 de enero de 1947, una mujer que pasaba por el vertedero de la Avenida South Norton de Los Ángeles vio su cadáver. En una primera instancia lo había confundido con un maniquí por lo pálido de la piel y las partes del cuerpo dispersas. Cuando descubrió que se trataba de un cuerpo real, su estómago se le revolvió al punto que tuvo un desmayo. Cuando la policía llegó no pudo terminar de entender la atrocidad humana que sus ojos presenciaban.

Ante esta horripilante muerte que supera a cualquier ficción violenta, la policía comenzó a indagar en el caso para encontrar quién fue el culpable. La investigación se complicó por diversos motivos; el principal era que Elizabeth, quien era conocida como “la Dalia Negra” en los clubes nocturnos, en los últimos años se había relacionado con múltiples hombres. Su vida promiscua podía convertir a cualquiera de sus parejas en el culpable.

Después de muchas dudas y falsas alarmas, el 21 de enero el asesino apareció. Un hombre con una voz suave llamó al periódico Los Angeles Examiner y dio algunos detalles que no se habían publicado sobre la tortura de la víctima. En ese momento comenzó un juego de cartas y pistas sobre su paradero que él mismo iba creando. Al final el asesino de la Dalia Negra se ocultó sin dejar rastro.

Tuvieron que pasar muchos años para que saliera a la luz el nombre de un acusado. En 1999, el investigador privado Steve Hodel descubrió en el álbum de fotos de su padre la fotografía de una mujer de piel clara y cabello oscuro. Todas las pistas conducían a que su progenitor, George Hodel, era el culpable. El problema es que para ese entonces aquel hombre ya se había mudado a Filipinas. Su desconocido paradero y la falta de pruebas impidió al gobierno de los Estados Unidos que atrapara a George y dejó inconcluso uno de los casos más terroríficos de la historia.

El caso de la Dalia Negra es uno de los más violentos y despiadados en la historia de la humanidad. La manera en que fue torturada y murió supera a cualquier película de gore o ultraviolencia, porque, por desgracia, aquí no hubo ninguna actuación o piedad. Desafortunadamente su autor nunca fue capturado y el caso de Elizabeth Short quedó impune, así como éste, hay otros terribles asesinos seriales que nunca fueron atrapados.